domingo, 10 de abril de 2016

Oniria (15)

Parte 15

“En el mundo de la oniria, él es sin duda la creatura más compleja, sus cualidades van mucho más allá de alimentarse de la energía que forma portales entre el mundo corporal y el mundo de las ideas, él puede incluso controlar el curso de estos portarles, cerrarlos y abrirlos conforme su propia fortaleza le permita. El inconsciente humano está lleno de una inmensa cantidad de esta energía, sin cause y sin control, que se libera durante el sueño, siendo este el momento predilecto para que el Comesueños se alimente y pueda ejercitar sus habilidades somnífagas. Quienes lo invocaban, no solo aseguraban haber dejado atrás las pesadillas, sino también,  haber adquirido sensación de alivio y sueños más tranquilos, lo cual es apenas natural, para la mente humana común, la acumulación de esta energía suele ser abrumadora y difícil de manejar. El Comesueños, por su parte, la podía consumir completa ignorando la existencia de estos portales, sus cauces o propósitos; pues a esta creatura poco parecen afectarle. A pesar de poder manejarla, él solo busca consumir la energía inconsciente en sí, y no el uso que se pueda hacer de ella.”
La anciana interrumpió la lectura al escuchar un ruido en la puerta ya cerrada de la tienda, el lugar estaba solo y silencioso, colocó el enorme libro de cubierta de cuero vino tinto sobre el mostrador, buscando alrededor con los ojos rodeados de arrugas. Las luces del lugar comenzaban a titubear, el loro en la jaula revoloteaba alterado sin razón aparente –Calma Federico ¿Qué es lo que te sucede?
Una brisa fuerte golpeó la puerta, los candelabros y las lámparas de pared comenzaban a estremecerse en la pequeña tienda, una niebla grisácea teñida de negro se colaba al interior de la sala por la rendija de la puerta, la temperatura había bajado de manera súbita.
-¿Quién anda allí? –Preguntó ella mientras se frotaba los brazos ante el ambiente repentinamente gélido. Una nube oscura comenzaba a formarse a los pies de Aldana, justo en mitad de la tienda, se hizo tan turbia que pronto se convirtió en un torbellino de humo tiznado que se alzó con violencia haciendo caer los objetos de los estantes y obligándola a cubrirse el rostro con los brazos. Los faldones de la vieja se alzaron y sus largos cabellos se desordenaron mientras ella retrocedía unos pasos tras el mostrador. Un gruñido estruendoso, comparable solo con el rugir de una bestia, resonó con fuerza, ella se estremeció al alzar la mirada y encontrarse con un enorme par de ojos negros como los más profundos hoyos elevados en mitad del oscuro nubarrón.
Elías se había expandido con todas sus fuerzas y se había deslizado hasta el interior del lugar, la  furia lo dominaba mientras se levantaba sobre la anciana. La energía ardiente que emanaba de cada partícula de su cuerpo evaporado causaba revuelo en el lugar. Recordó cómo hacía tan solo un rato había visto a Fernanda entrar en la tienda con gran familiaridad. No pudo evitar que el enojo le sobrecogiera, las brujas no solo se conocían, sino que estaban emparentadas y de seguro se habían confabulado para envenenarlo. Su interior tembló y la nebulosa se hizo aún más turbia. Cuando estuvo listo para arremeter contra la vieja, esta sacó un objeto de su bolsillo y lo llevó a su boca. Un chillido estruendosamente agudo golpeó sus oídos y retumbó en su cabeza dolorosamente, haciéndole perder el equilibrio.
El vapor oscuro se recogió rápidamente hacia el centro hasta densificarse y el cuerpo de Elías cayó pesado sobre el piso. El joven se cubría los oídos desesperadamente -¡Para!  -Chilló, entonces Aldana sacó de su boca lo que parecía ser un silbato.
-Baku kurae –Sentenció ella, la inseguridad se podía detectar, pero la insolencia era innegable, la bruja había rebasado su cuota de paciencia y autocontrol.
-No sabes lo que haces, bruja –Se incorporó dejando que sus ojos se ennegrecieran nuevamente –No puedes invocar lo que ya está frente a tus ojos, menos cuando se dispone a despedazarte.
-Tenía que intentarlo, Baku –respondió la mujer intentando ocultar el estremecimiento que se evidenciaba cuando veía los ojos de Elías, aquello le causó a él cierto regocijo –No puedo invocarte, comprendo que no eres un espíritu.
-Soy real, y te prohíbo que me llames de ese modo –Impuso dando dos pasos hacia ella, el disgusto que le causaba aquella palabra era algo que nunca había podido superar.
-También he comprobado lo que dicen del… -Ella se interrumpió –De los que son como tú; que tienen el oído desarrollado, apuesto a que encuentras el sonido de este silbato un tanto tortuoso –indicó poniéndose el objeto cerca de la boca, se había atrevido a amenazarlo.
-Dudo que hayas tenido la oportunidad de toparte con alguien como yo antes, si supieras de lo que soy capaz, no te atreverás si quiera a mirarme a los ojos.
-No dudo de sus habilidades joven… Elías. Es su nombre ¿verdad? Debí saber que se trataba de usted cuando lo vi, su presencia emanaba acongojo, se nota que tiene un padecimiento, de lo contrario no estaría aquí tan alterado.
-¡Por supuesto! Ustedes, brujas, me envenenaron –Gritó él acercándose más.
-Nadie aquí  ha buscado causarle mal, por el contrario, mi nombre es Aldana y le puedo ser útil, más que mil libros antiguos, si lo que busca es curarse y entender lo que padece –Elías alzó la ceja, la mujer tenía maneras y un discurso elocuente combinado con una notable perspicacia -Y naturalmente no nos referiremos a nosotros mismos en términos que sean difíciles de gesticular, como bruja o baku. Solo aceptemos que somos personas con condiciones especiales.
Ella había conseguido confundirlo –¿Juegas conmigo? –Preguntó –Yo la vi. Vi a Fernanda entrar aquí, sé que son cercanas  y ella fue quien me hizo esto, ustedes me envenenaron.
El Comsueños
-Mi sobrina no tiene culpa de nada, ella es menos consciente que cualquiera de nosotros de lo que está pasando. Debes alejarte de ella –Aldana lanzó suavemente el libro que minutos antes estaba leyendo, a los pies de Elías y alzó los brazos en signo de rendición. El grueso libro cayó abierto en una una de sus páginas del medio; en una hoja  de papel desgastado y viejo como el resto del libro se leía “El comesueños”. En la página se dibujaba una bestia de ojos negros, orejas y rostro felinos, pero de ella sobresalía una larga trompa adornada por dos imponentes colmillos de marfil, el pelaje era espeso en el cuello y disminuía a lo largo del  tenso lomo, este último se adornaba de manchas similares a las de un tigre, y finalmente del cuerpo se extendía una cola delgada y cuatro gruesas patas que terminaban en formidables garras felinas que amenazaban con desgarrar el papel sobre el que estaban plasmadas. La criatura se expresaba intimidante en pinceladas finas y tonos sepia y gris con increíble lujo de detalle, dejando a Elías congelado.

-Ese eres tú y yo solo busco la forma de ayudarte, Fernanda ni siquiera es consciente de sus propias habilidades, y cuando lo sea, debes estar seguro que envenenar personas no será una de ellas –Aldana tenía los ojos bien abiertos y mostraba la mayor de las franquezas.
-¿Por qué debo creer que usted quiere ayudarme? –Dijo permitiéndose demostrar un poco más vulnerable en la negociación, la verdad era que con el paso de los días, el veneno que llevaba en el interior se hacía más palpable y difícil de lidiar.
-Hay algo mal en ti y eso involucra a mi sobrina. Debemos solucionarlo ¿No era eso lo que le exigías amenazante a ella? Te estoy diciendo que ella no puede ofrecerte una solución, yo sí y estoy tomando su trabajo.
Aldana se sentó y señaló el otro asiento invitándolo. Aunque aquello había entrado en cierta calma, a Elías no se le antojaba como una genuina conversación, desconfiaba de la mujer con cada fibra de su ser, así que se quedó de pie con los brazos cruzados ideando la forma de arrancar el silbato de las manos de la anciana. Se había topado con brujos antes, todos en su mayoría eran charlatanes, algunos con cierta energía peculiar, fuerte y a veces oscura. Procuraba alejarse de ese tipo de personas, repelía todo lo místico por irónico que pareciera, pero nunca se había topado con una energía tan atrayente como la de Fernanda. En ese preciso instante creía poder sentirlo, si prestaba suficiente atención, era como estar en el centro de un torbellino que se alzaba envolviéndolo y haciendo sus entrañas palpitar.
-O podría matarlas a las dos y solucionar el problema –Sentenció recuperando propiedad.
-O podría morir con nosotras su última oportunidad de salvación –Ella empezó a caminar de un lado a otro tomando unos tres libros –He pasado toda la tarde investigando, no ha sido difícil encontrarte, es demasiado fascinante. Te alimentas de las vibraciones psi o energía inconsciente y debes sentirte atraído por los sueños, que son la máxima acumulación de esta. Te escabulles para absorberlos, son tu alimento, lo que implica que eres nocturno, debes poder ver y escuchar en la oscuridad más absoluta, como un animal –Ella sonrió entusiasmada –como un tigre o un león, algo parecido a tu verdadera apariencia ¿No?
-Absurdo –Elías frunció el entrecejo –Lo que ves es lo que soy –él hojeaba los libros sin quitar los ojos de la mujer por completo –Esto no es más que un montón de mitos y leyendas. Comienzo a desesperarme.
-Entiendo, pero debes decirme más sobre ti, entonces entenderé mejor cómo funciona.

-Te diré como funciona; entró en mí cuando apenas era un niño, desde entonces si no lo sacio, como la bestia que es, me destruye por dentro. Los alimentos comunes no llegan a nutrirme, mi cuerpo se desmorona y me es vital entonces, con la ayuda de las habilidades nocturnas que conoces bien, escabullirme por los cielos una que otra noche –Soltó los libros y dio un paso hacia ella, pero no pareció alterarla –mientras un incauto duerme en silencio, entre la media noche y las cuatro de la madrugada, que es cuando el sueño se profundiza y los espíritus se liberan, me uno a ellos, me asomo por la ventana o por la puerta –Acentuó con pausada pronunciación sus palabras y se acercó aún más –espero a que llegue a su punto de exaltación más alto, luego despierta agitado, sudando, inconsolable, no logra ver nada en la oscuridad, la pesadilla está en todos lados, al borde de la cama, bajo esta, en el rincón donde se forman sombras de figuras extrañas, en el armario, en el suelo y en el techo –Elías estaba ya a pocos centímetros de Aldana –Y luego, cuando se atreve a sacar el asustado rostro de la almohada o de entre las sábanas, ya estoy allí, encima. No puede moverse, no puede gritar, cree que está en medio de otra pesadilla, pero no es así  –La tomó del brazo con gran agilidad y fuerza, Aldana pegó un brinco –Y basta con solo un toque para succionar su alma –Sus ojos se ennegrecieron ante la aterrorizada mirada de ella, no había iris, ni pupila, en vez de globo ocular, había solo una oscuridad profunda. Elías sonrió y un dolor inmenso le azotó la espalda hasta dejarlo casi inconsciente.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Oniria (14)


Parte 14

Era una mañana fresca y colorida, pero aquellos detalles del paisaje que Fernanda normalmente habría disfrutado, en aquel momento le eran motivo de fastidio. El tiempo avanzó en el trabajo lento y precario, después de una noche más de insomnio, el día se hizo un verdadero calvario. Esas extrañas y deformes figuras coloradas de su pesadilla brillaron la noche anterior de forma espeluznante, más vívidas que nunca. Sus ojos eran negros y la golpeaban una vez más en la parte posterior de la cabeza, luego de quedar en el suelo inmóvil, la rodeaban y una de ellas finalmente se estiraba para tomarla del cuello, había sentido apenas unas pocas horas atrás, cómo el último aliento de vida escapaba de su cuerpo. Fernanda había salido esa mañana de su casa con ojeras marcadas, los párpados pesados y un desesperante dolor de cabeza que solo empeoró cuando su hermana Belén la despertó cotorreando absurdamente alegre con sus nuevas amigas. El día en el Winter Café fue más exhaustivo que nunca, pero al fin había acabado y caminaba ya rumbo a la tienda de la tía Aldana con la esperanza de algún tipo de auxilio.
La brisa le dolía en la piel, el sol incandescente le ardía en los ojos y cada paso era casi agónico. Y a pesar de todo, allí estaba finalmente de pie en la acera frente a la puerta de madera. Escuchó un ruido a lo lejos, observó alrededor, las personas caminaban con tranquilidad, algunos autos avanzaban. A unos metros, detrás de un carro negro estacionado, una figura yacía de pie en la acera de enfrente, Elías estaba recostado a un poste con los brazos cruzados observándola como si acabara de salir de sus peores pesadillas, Fernanda se apresuró a entrar a la tienda, cerró la puerta y uso el pasador, miró temblando a través del vidrio insegura de la protección que aquel lugar pudiera darle, Elías ya no estaba. Buscó con la mirada en vano, tal vez realmente debía resolver esto, los nervios y la paranoia seguro le iban a ahorrar en poco el trabajo de acabar con ella a aquel monstruo. 
-Es preciso que me des una explicación –Murmuró la tía Aldana desde el aparador con el ceño fruncido, haciendo que Fernanda brincara de la impresión.
-Tía Aldana, no te vi allí –Dijo Fernanda temblando mientras observaba con fastidio el revoloteo de la mascota de su tía desde la jaula.
-Has asustado a Federico, mi niña, por poco no te reconocemos escondida detrás de esas ojeras y ese pálido rostro -Aldana se apresuró a tomarla del brazo y ayudarla a sentarse más cerca del aparador -¿Qué ha sucedido? Parece que has visto un fantasma.
Aquello se le antojaba irónico, resopló tocándose las sienes con los dedos, el dolor palpitaba en su cabeza después de haberlo visto a él. Soltó suspiros hasta calmarse. No por su tranquilidad, sino por la de su preocupada tía.
-Necesito tu ayuda –Soltó.
-Lo que sea, pero dime, estoy alarmada.
-La pesadilla persiste, cada vez es peor, está acabando conmigo –Las lágrimas brotaban ya de los ojos de Fernanda.
-Haré mi mejor esfuerzo, buscaré en mis reservas más exclusivas, prepararemos algo para aliviar tu sueño, cariño –Dijo Aldana mientras ponía la manos sobre su hombro para tranquilizarla –Pero me temo que no es tan simple, nada respecto al mundo de los sueños es simple.
-Tú no lo entiendes, yo siento que muero –La voz de Fernanda titubeaba –Realmente siento que muero.
-Oh, mi niña –sollozó la mujer, ya caminaba entre los estantes rebuscando de un lado a otro,  diferentes frascos, la  tía se había puesto manos a la obra.
-Eso no es todo, existe algo más… -bisbiseó mientras Aldana insistía en que no escatimara en los detalles, sin entender lo difícil que le resultaba hablar de eso –Es él… Desde que él apareció siempre estoy asustada, no sé por qué me busca o qué es lo que quiere de mí, solo sé que él es un demonio. –Y Fernanda, alentada por el apoyo de su amada tía, finalmente pudo hablar de Elías y sus encuentros; desde la noche en la que apareció en su cuarto, hasta su asedio en el lago la noche anterior. Hablarlo sin duda le dio cierta fortaleza, al ver la expresión comprensiva de su interlocutora dejó de sentir que había perdido la cordura y comenzó a abrir su mente a las posibles soluciones o explicaciones para aquellos sucesos.
-Es una locura, lo sé ¿Crees que debería informar a las autoridades? –Se atrevió a preguntar mientras tomaba un sorbo de la infusión que su tía había preparado en el transcurso de sus narraciones.
-Creo que ambas sabemos que no puede ser tan sencillo, aunque no quiero decir que no vayamos a tomar medidas –Respondió Aldana con expresión elevada, evidenciando como su mente trabajaba, no era la expresión atónita de quien intenta procesar información complicada, más se trataba de alguien que ideaba un plan –Este joven, Elías ¿Nunca explicó qué fue eso tan grave que asegura, tú le causaste?
-He intentado pensar mucho en ello, es difícil hacer sentido a todo, más cuando él parece dar por sentado que yo sé qué es lo que él es, está loco tía, parece estar seguro de que yo lidio con demonios en mi cuarto todo el tiempo –las lágrimas de Fernanda volvieron.
-Si no es posible que Elías nos expliqué cómo es que tú lo has agraviado, tendremos que averiguarlo nosotras –Expresó Aldana con seriedad –El vómito, eso es sin duda lo que él dice que provocaste. Es lo más extraño de todo.
-Por favor, tía Aldana ¿Eso te resulta extraño después de todo lo que te he relatado? Nada es normal, todo me suena a una locura –Chilló Fernanda dejando salir la jovencita despavorida que no deseaba ser, tomó otro sorbo y volvió a su intento débil de guardar compostura.
-¿Y la negación te ha servido de algo hasta ahora? Hija, estás ansiosa por el futuro, deseas salir de tu limitada zona de confort, a devorar el mundo alegando ser joven pero madura, y a la primera situación inusual que te topas ¿Te escondes, diciendo que es una locura? –La mujer le sonrió –Es algo contradictorio.
-No es el tipo de situaciones que imaginé que enfrentaría –Se justificó Fernanda sintiéndose un poco mal al haber defraudado las altas expectativas de Aldana.
-Nunca es cómo lo imaginamos, el mundo siempre encuentra cómo sorprendernos, lo digo yo, que he estado en los rincones más recónditos y me he encontrado con tanto –Fernanda pensó en cómo su tía había viajado a toda clase de lugares alrededor del mundo, hasta entonces aquel estilo de vida no le parecía más que una excentricidad, miró a su alrededor; leyendas, mitología, espíritus, hechizos, parecía apenas empezar a asimilar lo poco que comprendía, todo aquello se le antojaba aún más irónico. Su tía le sonrió con complicidad, como si entendiera el sin fin de piezas que empezaban a encajar en la mente de Fernanda.
-Debes haber visto demasiadas cosas inusuales ¿Conociste demonios como él? –Se atrevió a preguntar, Aldana la levantó de la silla al ver que había acabado la bebida y la condujo escaleras arriba hasta la habitación.
-Pues, he visto muchas cosas, pero ninguna como esta –Respondió, la bebida era fuerte, Fernanda se sentía adormecida y la voz de su tía parecía lejana –Pero lo resolveremos –la recostó sobre la cama, acomodándole con sumo cuidado las almohadas y cubriéndola con una manta.
-Tía Aldana –Murmuró entrecerrando los ojos, ella asintió en respuesta –Él me llamó bruja –Dijo, y Aldana elevó la mirada desde la puerta de la habitación. El piso era de madera, al igual que el enorme armario y la cómoda junto a él, lucía cortinas de terciopelo café y una gran cantidad de fotografías de diversos paisajes en las paredes, recuerdos de los muchos viajes de la anciana a lo largo de una vida que nunca le había parecido tan interesante hasta entonces, la cama estaba llena de cojines estampados y una gruesa manta de lana; era un lugar cálido y tenía una ligero olor a canela.

-Ya veo –Respondió su tía mientras el sueño vencía a Fernanda una vez más.

domingo, 6 de marzo de 2016

Oniria (13)

Sí, lo sé, este pobre blog morirá de inanición, pero lidio con muchas cosas ahora, y en el mes de febrero me resultó imposible actualizar... Pero espero que la crisis pase y poder venir a contar pronto en este espacio qué ha sido de mi vida, espero en verdad en un par de días poder llegar aquí y escribir "ahora todo está bien". Por lo pronto iré dejando los capítulos que estaban programados para febrero.


Parte 13

Fernanda se bajó del taxi con una mochila en el hombro, ya era de noche y la brisa corría cálida. Caminó desde la carretera hasta un pequeño quiosco donde dos mujeres morenas vendían toda clase de jugos. Pidió un jugo de naranja, como solía hacer siempre, unas pocas personas deambulaban la tranquila playa del lago San José, mientras la luna se reflejaba en el agua resplandeciente. Tomó su vaso de jugo entregando un par de monedas, se quitó los zapatos y caminó con los pies descalzos llena de sosiego, la noche era perfecta.
Se alejó de las personas, encontró su lugar perfecto tan pronto como la playa se hizo más rocosa y el bosque más denso y cercano, con largos y tupidos cedros alrededor. Sacó la toalla y la puso en la arena, dejó  los zapatos, el vaso a medio beber y se desvistió. Traía el traje de baño bajo la ropa, se estiró un poco, sintió el viento contra la piel, observó el pequeño risco y más cedros al otro lado del lago, a su derecha advirtió la gran playa donde se celebraban las fiestas del pueblo cada año, todo aquello le traía tan buenos recuerdos, memorias de cuando la vida era más simple. Sonrió satisfecha, esa sensación de nostalgia, de sentir un poco más cercanos y palpables aquellos días de antaño; eso era lo que buscaba. Alzó los brazos y corrió entusiasta al lago como lo hacía cuando era niña.
El agua fresca le acariciaba el cuerpo, se zambulló y nadó dejando que la corriente se llevara todos los líos, era relajante. Pronto su cuerpo se sintió tan cómodo que la piel sufría fuera del agua. Estaba tranquila, serena, se sintió un poco torpe al principio, el fondo del lago San José no era uniforme, pero su cuerpo se desenvolvió como el de un animal que fue sacado de su hábitat natural por un tiempo y luego retornó a él. Movía los brazos y las piernas con gracia y delicadeza y luego con fuerza y afán, nadar era parte de su naturaleza. Sintió lo que había deseado sentir hace mucho, supo que al menos algo no había cambiado, algo se sentía igual de bien que siempre.
Flotó un poco, sacó la cabeza y se percató de que se había alejado, miró a su alrededor y se distrajo con la belleza de aquel lugar, amaba nadar, pensó que si lograba una beca universitaria por hacer lo que tanto amaba, entonces debía ser la persona más afortunada del mundo. Estar en el lago de los cedros, estar en casa la hacía sentir la persona más afortunada del mundo. La sombra de los problemas hizo su mejor intento por caer sobre Fernanda, pero no lo logró.
Regresó a la orilla, su respiración era apacible, los escasos ruidos de la noche le permitían apreciarla mejor; el cielo resplandecía, el reflejo de la luna adornaba la quietud del lago, las personas se hacían cada vez más lejanas, los árboles se movían, todo era reconfortante. Los árboles se volvieron a mover frente a ella, no había brisa pero Fernanda se sintió atacada por el frío, tomó la toalla observando los imponentes cedros, ya estaban quietos, ningún ruido era de prestar atención. Se giró para observar el lago una vez más mientras se secaba y se cubría con la toalla.
Escuchó un ruido seco demasiado cercano, volteó con el corazón acelerado, no había nada, revisó el lugar con la mirada dando dos pasos indecisos; nada, excepto que su vaso de jugo no estaba. Un sorbido sonó detrás de ella, justo a la orilla del lago, Elías sostenía el recipiente olfateándolo con recelo, tomó un sorbo y alzó una ceja, Fernanda gritó dejando caer la toalla.
-¿Disfrutando? -murmuró, Fernanda corrió a cubrirse con su camiseta, tomó el jean, los zapatos y el bolso en su hombro y corrió hacia los árboles. Era torpe y tropezaba, pero él no la perseguía, le dolieron los pies y se detuvo un momento para respirar, sentía que vomitaría. Se tiró al suelo y tomó aire, una mano le sujetó el brazo y la puso en pie nuevamente  -¡Oh, no! ¡Déjame!—Gritó.
-A mí me gustaría poder degustar -Jugó con el vaso sin soltarla, Fernanda sollozó y se recostó contra el árbol –Pero es imposible ¿sabes por qué? -sonrió –Por tu culpa -sus ojos se nublaron de tinta negra, obscura y brillante como petróleo espeso que se derrama sobre el agua –Porque tu veneno me ha impedido disfrutar y tengo que aceptarlo, me has dado un mal rato. Espero que te hayas divertido, porque ya es hora de que lo soluciones -la apretó.
-Ya basta… -ella lloró, cerró los ojos, no quería ver aquello.
-¿Ya basta? Eso te exijo yo a ti –él tiró el vaso con ira y la tomó el mentón con brusquedad obligándole a abrir los ojos –Deja de jugar conmigo, ya sé lo que haces -Sus ojos volvieron a la normalidad, si es que había cabida para esa palabra en aquel instante –Aún estoy esperando que lo reviertas, ¡Bruja! Están contados tus días -apretó aún más, a Fernanda le ardía la vista, soltó el bolso y los zapatos, alzó la pierna con fuerza pegándole a Elías con la rodilla en la entrepierna. El joven retrocedió acongojado.
-¡Estás loco! ¿Me atacas y dices que yo me detenga?- Gritó ubicando la forma más corta de llegar a la playa -¡Fenómeno!  -Corrió.
-¡Tus días y los de tus amigos! -Gritó él, Fernanda se detuvo, jamás sintió tanto miedo e impotencia en su vida, volteó, Elías se enderezaba –Intenté alimentarme, tu amiga Corina fue muy complaciente, pero lamentablemente tu veneno volvió a actuar y fue todo muy desagradable. Así que lo decidí, tus días y los de tus amigos están contados -la observó con odio, aquella mirada le sacudió las entrañas.
-¡Déjala en paz!-
-Parece que no sabes  lo que alguien como yo es capaz de hacer, parece que no has entendido  -el horrible hombre sonrió en la obscuridad –Pero no tengo tiempo para explicarte, ya sé lo que eres y tengo claro lo que voy a hacer contigo -Elías cerró los ojos y al abrirlos, eran negros otra vez, allí estaba el demonio y una niebla negra lo rodeaba –Así que arréglalo ¡Bruja! -Su cuerpo se elevó y la nube negra lo rodeó hasta que ya no se podía ver, acto seguido, la neblina se dispersó con la ligereza de un fantasma en la obscuridad.
Fernanda recogió la mochila y sus cosas, se limpió las lágrimas en los ojos, sentía que le había sido arrebatado su último lugar de paz entre tantos enredos. Sentía que le habían profanado de algún modo un santuario sagrado. Era claro que él la había seguido hasta allí y trataba de hacerla perder el juicio. Algo debía hacer, pensaba caminando a paso lento de regreso a la entrada principal del lago, el quiosco de jugos aún seguía abierto. -Bruja… Bruja -retumbaba aquella palabra en su cabeza, si algo fuera de lo común había dentro de ella, algo parecido había en ese joven de ojos infernales. Solo tenía claro una cosa; no había tiempo que perder. Le haría caso una vez más a su madre y buscaría ayuda con la experta en problemas peculiares. Si la tía Aldana había entendido su asunto con los sueños, entendería también este; un ente sobrenatural que se hacía pasar por una persona normal, de cuya existencia, de seguro, sus amigos no estaban enterados, una criatura cuya naturaleza rebasaba su corto entendimiento; un monstruo.

sábado, 23 de enero de 2016

Galería Oniria

Quiero adelantarme un poco este año que es tan especial para mí, antes de continuar con Oniria y con las publicaciones habituales.
Comencé este 2016 de una manera muy importante, publicando una entrada en la que hablo un poco sobre mí. Cosa que es usual en los blogs pero que yo no me animaba a hacer, al final me animé y fue muy agradable.
Antes de continuar con Oniria este año, quiero dejar por aquí una serie de dibujos e imágenes de la historia. Cuando uno está un poco atascado en un escrito, tener un poco de apoyo visual siempre es útil a la inspiración.

Galería Oniria

El libro Oniria, un libro muy especial en el que se encontrarán muchas respuestas, algunas no muy agradables.
Aquí lo hay todo sobre el misterioso mundo de los sueños.


Un dibujo mío. La criatura Somnífaga, el ser que aparece en las noches y es culpable de todas las extrañas experiencias al despertar de un mal sueño.

Otro dibujo que hice.
Me pareció propicio plasmar el ser sobrenatural que tanto persigue a nuestra protagonista, Fernanda, él y sus ya bastante descritos ojos negros. 

Y no podía crear una historia sobre el mundo de la Oniria y los sueños sin dedicar un momento a los famosos atrapasueños.

Y finalmente; el Baku, la criatura que ha inspirado esta historia y de la cual es su protagonista.
Un ente mitológico de la cultura oriental que se alimenta de los sueños, o como se le llama en nuestra historia; sominífago.

Y estas son las imágenes que hasta ahora, hacen parte de mi historia y que estarán incorporadas en las próximas entradas. Espero no haber sido demasiado obvia, espero también terminar Oniria pronto y seguir incluyendo imágenes. Invito una vez más a pasarse por mi historia Click Aquí. Toda opinión y aporte es bienvenido.
Nos leemos pronto.