miércoles, 22 de enero de 2014

Fiesta Con La Muerte

Le apunto por primera vez al misterio con toque detectivesco, el que debo decir es mi género favorito. Por lo cual estoy llena de nervios >.< ...Aquí dejo lo que será la primera parte de una historia extendida, ya que abarcará varias entradas. No me enrollo más... Que quede sentado que aunque estoy comiéndome la uñas, estoy abierta a las sugerencias, de eso se trata... Besos.

Parte 1: Casa Misterio

Aaron apretaba el puño y se rascaba la cabeza con desesperación, estaba ansioso y desolado. Llevaba casi seis horas en aquel lugar, ya hacía rato que había amanecido, lo acababan de conducir a un cuarto pequeño, con luces incandescentes y un enorme e inquietante vidrio en el cual sólo se lograba ver a sí mismo. Sabía muy bien que había personas analizando cada movimiento del otro lado. “¿Cómo estará mamá?” pensó. La puerta se abrió, era el agente Goldman, se había mostrado gentil anteriormente, pero esta vez lo interrogaría, debía ser cuidadoso.
-Señor Black, ¿Cómo se siente?- Se sentó en la otra silla frente a Aaron hojeando un folder y dejándolo sobre la pequeña mesa que los separaba.
-He estado mejor, aún me duele la cabeza- Contestó con evidente disgusto. -¿Papá no estará aquí?- La incertidumbre le agobiaba casi tanto como el dolor y la pesadez.
-Me temo que no, está allá afuera con los demás padres encargándose del papeleo. Ya sabes, procedimiento- Sonrió -Pienso que ya estás grandecito y esto no demorará mucho, entre más pronto acabemos, más pronto podrás salir, ir a casa, tomar un baño e ir a visitar a tu hermano, por supuesto- Goldman, alto, robusto, intimidante pero de mirada amable, sabía exactamente qué decir, cada palabra iba dirigida a desarmar al chico. –Pues supongo que has de estar muy preocupado por tu hermano- Hizo una pausa y no dejaba de mirarlo –Te mandé a traer un café, creo que te sentará bien-
-Escúcheme, yo no le hice daño, es mi hermano y yo… yo lo vi allí tirado, como… como muerto- Rompió en llanto, en todo el rato no había podido reflexionar, caer en cuenta, su hermano estaba en coma, a punto de morir y él siendo interrogado por la policía. Sus padres debían estar destrozados.

-Un adolescente problemático, viviendo siempre a la sombra de su hermano mayor, queriendo ser como él, “deseando tener su vida perfecta”- entonó -como declararon varios testigos anoche– Goldman no evitó en absoluto resaltarlo -Y que fue visto discutiendo con él un rato antes de que apareciera tirado en el jardín lateral de la Casa Montecarlo… Tiene que admitir que no suena nada bien para usted, señor Black- dijo el agente encogiendo los hombros.
-¡Eso no prueba nada!  Yo no le hice nada, es mi hermano… Ustedes no tienen derecho a retenerme aquí- Muy a pesar de su estado, Aaron no carecía de suspicacia.
-Pues no se tiró solo, ni resbaló, muchos aseguran haberlo escuchado gritar antes de caer- Agregó el agente –Además eres menor de edad y apenas y te estás reponiendo de todo el alcohol que ingeriste, razones para tenerte aquí, hay muchas- El agente había ganado- Así que ¿Por qué mejor no me cuentas con detalle lo que recuerdas de esa fiesta?-


Gary jaloneaba a Aaron a través de la calle, lo había forzado a salir. El jugador promesa del equipo de baloncesto de la escuela lucía como un pálido títere llevado a rastras. Para él no era como si su mejor amigo lo obligara a asistir a un baile, era cómo si la vida lo obligara a cumplir con un rol que él pensaba “le quedaba grande”.
-Sabes que Mayra estará allí…- Se quejó en voz baja.
-Creí que el asunto de esa perra estaba superado- Agregó Gary con firmeza.  Chica hermosa, rubia, carismática y muy deseada en la escuela. Lo que todos esperaban de la novia del nuevo atleta de la escuela, lo normal para el estatus que intentaba conseguir, pero ese tipo de chicas también buscan sólo eso, estatus, así que no le sorprendió que fuera descubierta hacía unas semanas tras vestidores besándose con Mike Brooke, el alto y robusto jugador titular de último año. Nada del otro mundo, después de todo Gary tenía razón, era una perra.
-Es la oportunidad perfecta de conseguir algo nuevo y mejor o ¿Quieres ser el pobre cornudo hasta la graduación?- Gary tenía un punto, en definitiva. Aaron alzó la ceja y contempló la enorme mansión desde afuera, la cantidad de autos estacionados en toda la calle y la fila de personas en la acera. -Además, es la Casa Montecarlo, siempre te ha fascinado esta enorme pocilga- Su amigo no solo tenía poder de convencimiento, además lo conocía muy bien.
-¡Jane! ¡Por aquí!- Gritó Gary desde la enorme entrada de rejas en la cual se acumulaban adolescentes, unos entrando y otros atascados. Atravesando el jardín que rodeaba la Casa Montecarlo, en la puerta de la enorme edificación victoriana de aspecto descuidado, Jane estaba entregando máscaras de cartón a todos los que entraban.
-Vaya, estabas invitada al gran baile de otoño de los de último año y no nos dijiste nada- le sonrió -¿Beneficios de tener una hermana mayor a punto de graduarse?-
-Si por “invitada” te refieres a portera y encargada de recoger basura de último año; sí, lo soy… Bienvenidos, diviértanse- Dijo entregando más máscaras a otro grupo de adolescentes.
-¿Máscaras?- preguntó Aaron, siempre absorto mirando a todos lados, evitando encontrarse con Mayra.
-Sí, el tema de este año es “Casa Misterio”, baile y diversión en el primer piso, cuartos del terror en el primer pasillo del segundo. Cuando se aburran de los fantasmas de mantel de mesa, las momias de papel higiénico, cadáveres con sangre falsa y las arañas de cartón, pueden seguir cruzar a la derecha y en la parte trasera un pasillo con al menos cuatro habitaciones más para comenzar sus propias “fiestas privadas”- Describió Jane en un singular tono de guía turística.
-¡No inventes!- chilló Gary en un brinco entusiasta.
-Claro, de eso se tratan siempre estas fiestas. Para eso vienen ustedes ¿No?- Y por alguna razón Aaron se sintió aludido.
-¿De qué hablas?- Dijo Aaron con voz tosca y perdida mientras Gary aun sonreía extasiado con la cantidad de chicas mayores que alcanzaba a divisar al fondo de la enorme sala.
-Bueno, yo no espero más. ¡Vamos a dentro!- Ordenó Gary.
-Adelántate tú, yo me quedo un rato a acompañar a Jane, las máscaras casi acaban y la fiesta ha comenzado- Secreteó Aaron a Gary para calmar su impaciencia. Gary sabía que no debía presionarlo, bastante había logrado ya con hacerlo asistir, así que asintió y se perdió en la multitud. Aaron seguía perdido en “Para eso vienen ustedes ¿No?” y es que efectivamente no sabía qué hacía en ese lugar.


 -Aquí llegó su café señor Black… Para el joven- Dijo Goldman indicándole a la mujer que traía el café –Bien cargado- Sonrió
-Gracias- Contestó Aaron absorto en una avalancha de pensamientos borrosos, tanto que no advirtió la temperatura del café al primer sorbo. Resopló como caballo, si tan solo no fuera tan distraído como ahora, como en la fiesta. Pero por más atento que hubiese conseguido ser ¿Cómo iba alguien a adivinar que todo terminaría así?
-Y bien señor Black, ¿Dónde estaba exactamente ayer a las once en punto?

2 comentarios:

  1. ¡Hola, Daniela!
    Como has dejado un comentario en el blog de mi club literario, te respondo aquí:
    En un principio era obligatorio publicar (ya que es una vez al mes), pero no importa que un mes se te pase. Te explico lo nuevo: si un mes decides participar, tienes que decirmelo en los comentarios. Será en una entrada que subo al mes al blog del club, indicando el tema del que irán las publicaciones. El mismo día 20, tendrás que mandarme por correo el link hacia la publicación en tu blog :)

    Si quieres, espero tu correo.
    ¡Gracias por pasar!

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  2. Listo, me parece perfecto y me encanta... Ya te envío el correo.

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