domingo, 20 de abril de 2014

Tulipanes

“Está mal, ¡Claro que está mal! ¿Y qué se hace cuando algo está mal? ¡Se soluciona!” Grace se daba aquel habitual discurso, muy consciente de que, dicho o no, haría lo mismo de siempre. Paseaba por el enorme parque, lleno de personas y arboles florecidos con un resplandor de plenitud y vida que lo hacían parecer aún más inmenso. Observó el pequeño rancho de madera blanca rodeado de flores silvestres y junto a él, el viejo puesto de venta de flores de todos los colores y clases, atendido por una robusta mujer de mirada amable y serena. Un joven de rojiza cabellera y de aspecto pálido, alto y delgado se acercó, Grace frenó en seco y se detuvo detrás de un árbol. El joven charlaba indeciso con la mujer y observaba la gran variedad de flores, lucía algo aturdido -Los tulipanes, Tomás… Escoge los tulipanes amarillos- Grace siseó ansiosa.
-Creo que me llevo las rosas… Sí, las blancas, un par de ellas estaría bien- Y la mujer despachó cuatro hermosas rosas blancas al joven.
-¡Cielos, Tomás! Qué bueno para nada…- Grace caminó entre los arboles hasta adentrarse en los espesos arbustos, indagó con la vista un gran círculo de bancas hasta que localizó una vieja y oxidada banca escondida tras los matorrales ornamentales de flores naranja. Una joven de larga y dorada cabellera dormía dulcemente recostada en la banca mientras abrazaba un pequeño cuadernillo de terciopelo rojo.
-Lucy, siempre llevando su diario a todas partes- Grace sonrió, devolvió el rostro en busca del joven que caminaba en círculos con las rosas blancas en las manos, indeciso y nervioso –Vamos Tomás, ahora…-  Un ruido la hizo encogerse como animal atemorizado en su improvisada guarida.
-Cállate Katy, siempre echas todo a perder- Susurró una joven a su acompañante, imitando entre dientes el ruido de una serpiente.
“¿Katy y Lynn? ¿Qué rayos hacen estas alimañas aquí?” pensó mordiéndose el labio inferior, Grace se inquietó sin emitir el más mínimo ruido, no se atrevía a intervenir, sabía que, sin importar qué tramaran esas dos chicas, no podía ser nada bueno.
Las jóvenes con magistral sigilo, entraron en la escena y deslizaron el diario fuera de las descuidadas manos de Lucy, alejándose después con hábil y silenciosa lentitud.
-¡Oh, no! El diario de Lucy… Un momento, ¡Eso es! - Un voraz brillo se apoderó de los agudos ojos de Grace, estaba lista para la acción.
Tomás se acercaba con las rosas escondidas en la espalda en dirección a la banca donde Lucy siempre se escondía para escribir. Limpiaba una que otra gota de sudor de su frente, tan ensimismado y absorto que no pudo prevenir que algo chocara con su hombro derecho haciéndole tirar el ramo.
-Tomás, ¿Eres retrasado? ¡Fíjate por dónde caminas!- Katy exclamó con las manos escondida tras la espalda. Ambos se observaron detectando la particularidad de la situación. Tomás frunció el ceño y las requisó con la mirada, algo andaba mal.
-¿A quién buscas? ¿A tu Lucy?...- Rieron a espeluznantes carcajadas, Tomás intentó recoger el ramo pero Lynn fue mucho más veloz.
-¡Ah, le trae rosas!- Reían y lo rodeaban zarandeándolo con las flores deshojadas  -¿Acaso no te das cuenta? ¡Ella no te quiere!-
-¡Entrégamelas!- El joven lucía tan escuálido frente a la vivacidad de aquel par de brabuconas.
-Sí, pobrecillo, ella solo te ve como su hermanito… O mejor aún ¡Como su perrito faldero!- Las carcajadas se acentuaron y quebrantaban la poca estabilidad del chico.
Grace seguía la escena con ojos ávidos enojada desde los arbustos. Sus manos se extendieron en dirección a Katy y Lynn, una ráfaga de energía llameante se acumuló en su cabeza, se liberó por sus brazos y sus manos le dieron dirección al librillo que una de las jóvenes escondía tras su espalda. Una pequeña vena se dibujó en su frente.
-¡Ay!- Katy chilló con voz aguda y dejó caer el diario a los pies de Tomás.
-¡Tonta! ¡Lo arruinaste!- Exclamó Lynn con disgusto.
-Ese libro está hirviendo, ¡Me ha quemado las manos! Te lo juro- Katy huyó tras su cómplice examinándose la enrojecida mano y sin el valor de si quiera mirar a Tomás a los ojos. Las dos arpías se alejaron refunfuñando con un aspecto de derrota casi caricaturesco. Grace degustó aquel panorama con una risilla sorda.
Tomás recogió el diario y las rosas con la tristeza marcada en su rostro y casi al instante apareció Lucy, temblaba corría desesperada -¡Tomás! Lo he perdido… Mi diario, lo tenía en mis manos, debí dormirme en la banca y ahora ya no está, ¡Desapareció!- Rascaba su cabeza con ansiedad desenfrenada.
El chico escondió las rosas con prontitud y mostró el diario rojo a Lucy haciendo que el color volviera a su rostro -Katy y Lynn… Ellas…- Balbuceó.
-¡Oh, ese par! ¡Siempre intentando sabotearme!- Apretó el libro contra su pecho como quien encuentra a su niño perdido, como una extensión más de su cuerpo -Pero gracias al cielo que estabas allí, Tomás ¡Siempre tan buen amigo! No sabes cómo te agradezco-
-Sí, Lucy, sobre eso… Quiero hablarte sobre algo importante, pero no sé cómo empezar- Su voz débil y titubeante se esforzaba.
-Sabes que puedes decirme cualquier cosa- Ella sonrió con dulzura.
-Bien, para empezar te traje algo, pero debieron estropearse, cuando venía me tropecé…-
“¡Oh, no! ¡Pronto! Aquí viene…” pensó Grace, sus dedos hicieron de nuevo aquel movimiento, apretó la mandíbula y la energía, ya no llameante, sino casi eléctrica, retumbó en su cabeza, se esparció por su cuerpo y se empujó en espiral por sus brazos hasta salir expulsada por sus dedos. El recorrido de la vena en su frente se acentuó y una gota de sudor se deslizó. Exhaló con placidez y sonrió con picardía.
-¡Oh, Tomás! Tulipanes amarillas, mis favoritas ¿Cómo lo supiste?- El rostro iluminado de Lucy no hallaba sombra en el mundo que pudiera opacarlo cuando recibió el ramo. Tomás atónito miró a su alrededor buscando alguna explicación lógica a lo que sucedía, estaba seguro de que llevaba en sus manos rosas blancas. Sus ojos estaban abiertos de par a par y temblaba de incredulidad.
-Yo ehmm… Lo he adivinado- Sonrió con atamiento. Ella lo miró a los ojos de una manera distinta, como nunca antes lo había hecho, lo tomó de la mano y caminaron alrededor del parque.
Grace emitió una última, larga, y sostenida exhalación de descanso, tan temeraria y vivaz como solo ella, siempre con el noble sentimiento de deber "arreglar" las cosas del mundo a su alrededor. “Ahora sí, lo he arreglado” se dijo. Salió de los arbustos, se sacudió la maleza, compró un helado y saboreándolo como premio a su buen resultado, se sermoneó por un rato “¿Cuándo aprenderás Grace? ¡No debes entrometerte en los asuntos de otras personas y menos usando tu magia!”. Vio a dos jóvenes tomados de la mano acercarse no muy lejos. “Pero no he hecho nada, solo un empujoncito… Solo arreglé algo que estaba un poco desencajado, no he hecho mal a nadie… Excepto a la mano de Katy, claro está” Sonrió.
-¡Grace, amiga! Tengo algo que contarte…- Lucy danzaba con la alegría de una chiquilla. Grace observó las manos entrelazadas y arqueó las cejas.
-¿Y esto, cuándo ha pasado? ¿En qué momento? ¿Cómo?- Su asombro era casi exagerado.
-¿Cómo? Bueno… Casi como por cosas de magia- Y Lucy inhaló una vez más el aroma de sus queridos tulipanes.


Por Daniela, escritora del Club literario "Vidas de Tinta y Papel"

1 comentario:

  1. Holaaa! despues de más de un mes y siento la tardanza, vuelvo por aqui con un nuevo capítulo de ''las piezas del corazón'', espero que puedas pasar a leer y comentes qué te ha parecido, un besito :)

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